
Habrás escuchado estos reclamos en incontables ocasiones. Desde 15 minutos al día para aprender inglés hasta 8 meses, pasando por fórmulas "definitivas" de métodos de prestigio y profesores particulares
Las promesas fallidas juegan con un elemento fuerte a su favor: el alumno se convence que es a él o ella quien no hace bien las cosas, que no se le da bien el inglés. Pero esto no es así
No se puede prometer que uno aprenderá más rápido de lo que su naturaleza le permite. Pero sí se puede ofrecer una estrategia de aceleración y pagar sólo por el aprendizaje real que recibes y para el que necesitas la ayuda de un profesor
Los métodos más aclamados tienen una cuarta parte de verdad, una gran idea, y tres cuartas partes de marketing
La gran idea de las aplicaciones móviles para aprender idiomas se basa en prácticas cortas de frases de uso popular validadas por miles de usuarios. Venden flexibilidad y consecución de objetivos a corto plazo. Pero son las propias apps las que reconocen que los resultados que se consiguen son incomparablemente inferiores que con profesores reales o inmersión lingüística completa. Dicho con palabras llanas, nos hacen el favor a corto plazo, pero nos dejan con la faena a medias.
Todos los sistemas modernos se han planteado qué vocabulario y estructuras realmente necesita un alumno para desenvolverse en una comunicación espontánea de su entorno más inmediato: familia, ocio y trabajo. No usaremos más de 1000 palabras y no necesitaremos estructuras muy complejas. La selección del vocabulario imprescindible se basa en la ley de Pareto que, aplicada al aprendizaje de idiomas, nos dice que usamos el 20% de las palabras que dominamos de un idioma en el 80% de las situaciones comunicativas.
Sabiéndolo, es lógico olvidarnos de palabras de poco uso y centrarnos en las más comúnmente usadas.
Estas 1000 palabras, aunque nos facilitará mucho la comprensión y nos sacará de más de una frustración, no nos habilitará por sí solo a tener fluidez y control sobre los matices del idioma meta. Nos dará la base sobre la que tenemos que seguir construyendo
Conseguir que un alumno hable un idioma en 8 meses debería ser el objetivo de todo proveedor de idiomas y no una noticia.
Existen, por supuesto, niveles dentro de la competencia lingüística que cada uno va a conseguir en estos 8 meses. Podemos hacer de más y de menos, hablar más o menos fluido, entender mejor o peor el discurso nativo, defendernos con más o menos acierto en un entorno de la lengua meta pero sea como sea, 8 meses es más que suficiente para adquirir el 20% de las competencias que vamos a necesitar en un 80% de las situaciones comunicativas. Pero conseguir interactuar en un idioma en una infinidad de fines comunicativos es un proceso que se debe nutrir de varias acciones simultáneas.
El cuento de las 200 horas para subir de nivel
Orientan instituciones como el British Council o Cambridge que vamos a necesitar unas 200 horas para subir de un nivel a otro. Y tenemos 6 niveles según el
Promesas milagrosas aparte, si queremos aprender un idioma de manera efectiva, satisfactoria y sobre todo asequible y sin arruinarnos, debemos pensar en estrategias que van más allá de un método milagroso, un libro determinado o un profesor cinco estrellas.
Aprender un idioma requiere dos sencillos, pero que muy sencillos pasos:
1. Exponernos mucho a este idioma para sumergirnos en su fonética e idiosincrasia
2. Practicar y ser guiado en todo aquello que no podemos hacer solos
El primer punto debería suponer el 90% de nuestras horas de aprendizaje. ¡Y podemos hacerlo solos! No necesitamos pagarle a un profesor para que nos haga un listening. Estamos rodeados de listenings de cualquier idioma: desde Netflix, pasando por la infinita oferta televisiva de series y programas en versión original, hasta el mar de vídeos que nos ofrecen Youtube y otras plataformas similares.
El segundo punto bien puede suponernos el 10% de las horas de aprendizaje. Es aquí donde invertiremos en calidad y sobre todo en aceleración. Es en estas horas donde tenemos que exigir que todo lo que no sea aprendizaje nuevo se elimine de la clase. A un profesor lo necesitamos únicamente para aquello que no podemos aprender solos. O, en otras palabras, necesitamos al profesor para que nos haga las preguntas a las que aún no podemos contestar. Todo lo demás sobra